domingo, agosto 17

Mejores amigas

Mi mamá dice que no podemos ser amigas, que madre e hija no pueden serlo; es una de tantas cosas en las que no estamos de acuerdo. Yo pienso, siento, que ella es la mejor amiga que puedo tener, la mejor persona con quien puedo compartir… la mejor…

Marisa siempre ha estado ahí para mí: cuando estoy bien y cuando estoy hecha un mar de llanto. Al borde de algunos precipicios me ha dado un empujón que, lejos de provocarme una caída lamentable, ha fortalecido mis alas para volar… aunque suene cursi.

A pesar de tener sus propios problemas, sus propios asuntos, mi mamá siempre se ha dado el tiempo de enseñarme a ser feliz; me ha enseñado a darle valor a los pequeños momentos y a los grandes logros, me ha enseñado a enfrentar los miedos y a intentar todos los días hacer de este mundo algo mejor.

Mi mamá es esa amiga que dice incluso las cosas que no quiero escuchar, esa amiga que jamás sentirá envidia ante lo que, bien sabe, he logrado con mucho esfuerzo; es esa amiga que no necesita adoptar una pose para parecer interesante o “de mundo”… las personas maravillosas no necesitan nada de eso.

La vida a veces es complicada… confusa… y todos necesitamos alguien en quien confiar, en quien apoyarnos. La vida también es maravillosa… sorprendente… y todos necesitamos alguien con quien descubrirla…


¡Gracias, mamá, por ser la mejor amiga que tengo… la mejor en todo!

martes, julio 8

Brasil 2014: mi gusto que dejó de ser culposo

No es que no me importen los problemas de mi país o del mundo… no es que sea ignorante… no es que tenga menor nivel intelectual… no es que me una a las masas (o tal vez sí y lo niego)…

Comencé a ver este Mundial con un tanto de amargura y escepticismo, criticando al segmento masculino del lugar donde trabajo por su exacerbada emoción por el futbol. De algún modo me prometí no dejarme llevar por la pasión, y mantener una posición “objetiva” ante un acontecimiento por el cual muchísima gente espera ansiosa durante cuatro años.

Decidí participar en una quiniela, “sólo por convivir”. Me gusta la idea de unirme a mis compañeros y amigos, de intercambiar opiniones y de que me tomen en cuenta aún sabiendo que no soy experta (y que la mayoría de veces, en cuanto a futbol, hablo por hablar y hago las cosas sólo por “latidas de corazón”).

En la oficina los he visto a todos compartiendo cervezas y botana, gritando frente a la pantalla y dándole consejos a los directores técnicos. En lo laboral, he presenciado cómo ponen en práctica su sorprendente creatividad… es la magia de estar en una agencia. Sin querer he aprendido sobre un deporte que siempre me había parecido bastante absurdo.

Y a veces pequeñas cosas que parecen intrascendentes nos conectan con otros. Hoy el taxista me venía platicando de todas las apuestas que ha ganado… y no ha sido el único. Muchas de las conversaciones que he iniciado en un taxi durante los últimos días comienzan con un: “¿a usted le gusta el futbol, señorita?, o algo como: “¿y cómo vio el partido de hace rato?”… Y entonces yo escucho, porque me gusta más escuchar que hablar.

Nos guste o no, el futbol es mucho más que un deporte, es todo un fenómeno sociológico y antropológico. Quienes se paran en una cancha en un partido mundialista son para la afición algo así como semidioses: han entrenado, han perfeccionado sus habilidades, tienen el don de provocar emociones…

Aquí y ahora, abiertamente expreso que este Mundial me he divertido. Quizás ya no hay figuras legendarias como en el de 94 (de esas de las que recuerdo que mi padre hablaba tanto)… o jugadores tan sexys como Paolo Maldini y Alessandro Del Piero, pero lo cierto es que, a partir de esta experiencia, en adelante no pienso pretender unirme a la élite “intelectual” que se jacta de odiar el balompié.

¡Nos vemos en la final!

jueves, julio 3

Finales

Sentada frente a ti los recuerdos se agolparon en mi mente. Sonreí. Nos despedimos. Estoy convencida de que dondequiera que vayas estarás bien... de que lo harás bien.

Yo hubiera querido tantas cosas... se me perdieron muchas esperanzas. Fue como otras veces: reír, hablar, hacer bromas... Comimos por última vez en el lugar de siempre. Fue como detener el tiempo un instante, como regresar a aquel momento cuando creí que podía construir algo... contigo.

Volví a casa pensativa, con un nudo en la garganta. Y en medio del vagón del metro, frente a personas extrañas, se me escaparon las lágrimas. No sé si a mis 30 años aún deban pasarme esas cosas... No sé cómo aliviar lo que de vez en cuando me sigue doliendo.

Y yo te quiero... quizás no como antes, porque todo cambia. Y quizás después, cuando dejemos de vernos en la cotidianidad, volvamos a ser extraños.

"Kiss me like you wanna be loved..."


jueves, junio 13

Pasado-presente



Hoy vino a mi mente una foto que me tomé contigo hace ya varios años, abuela... y entonces hice memoria, busqué el CD donde había guardado los archivos de mi primera computadora, y la encontré. En ese entonces no sabíamos lo que ocurriría... la vida pasaba, y hasta "peleábamos" de vez en cuando.

Aquella vez presentamos una revista en la universidad. No sé cómo le hiciste, porque eras medio despistada (cosa que quizás te heredé), pero llegaste... y aunque jamás te gustaron mucho las fotos, accediste a que nos tomáramos una juntas. Recuerdo que, por alguna razón, nadie más de la familia pudo ir.

¿Sabes?, sigo guardando dolor, no sé si eso se acaba algún día, pero lo cierto es que ya logro, en algunas ocasiones, traer a mi mente momentos felices más allá de los días de la etapa terminal; también  a veces sueño contigo, sueño cosas que no recuerdo del todo cuando despierto, pero ya no siento opresión en el pecho cuando abro los ojos y me doy cuenta de que no estás.

La palabra cáncer quizás sigue siendo la que más odio; es extraño cómo una sola palabra puede abrir un cajón lleno de angustia y de tristeza... de preguntas para las que jamás encontré respuestas. Sin embargo, es también una palabra a la que está encadenada una parte de mí que se vio obligada a madurar de golpe para mirar la vida de un modo distinto.

Y ahora que han sido días difíciles he querido pensar en ti, abuela... y siento un poco de vergüenza porque en medio de mi cotidianidad y de mi egoísmo olvido todo aquello que aprendimos juntas y lo que aprendimos todos como familia: nada es para siempre, ni la felicidad ni el dolor; tenemos el presente y nos tenemos unos a otros.

Pero me estoy buscando, abuela... dentro de mí... Estoy reencontrándome con la vida, con todo eso que va más allá levantarme todos los días e ir a trabajar... Estoy intentando dejar mi egoísmo para dar las gracias por todas las cosas buenas que me pasan, por todos esos pequeños milagros de los que a veces no me percato.

Mientras tanto, abuela, me acuerdo de ti... y a veces, cuando escribo, me viene a la mente que, además de conversar, también te gustaba leerme.



viernes, abril 12

Hubiera...


Mi corazón comenzó a quererte sin enterarse. Aún recuerdo cuando te vi atravesar la calle, desorientado, mientras yo te hacía un gesto con el brazo… Aquella noche mi vida dejó de ser sólo trabajo… dejó de ser oficina… dejó de ser llegar a casa para acostarme y mirar el techo escuchando música.

Te quise a pesar de todo… a pesar de tu primera desaprobación… a pesar del primer desencuentro. Te quise porque a veces quiero con facilidad, cuando los pequeños detalles me roban el corazón. Quise quererte, con la fuerza con que uno quiere cuando necesita tener fe en que todo puede cambiar.

Jamás había paseado a media noche por la Roma, por esas calles por donde tantas veces caminé sola, antes de conocerte… antes de que llegaras. Jamás había paseado tan despreocupada… tan feliz. Y hubiera querido tomarte la mano, preguntarte si sentías lo mismo que yo, pero no pude… no pude y te miré de reojo mientras el tiempo pasaba.

Después tomé el riesgo de decirte lo que sentía por ti… de invitarte un café. Y yo esperaba un final feliz, sólo por una vez, sólo por esta vez… contigo. Yo esperaba que hablar durante horas fuera el inicio de algo bueno… esperaba que con el tiempo nos diéramos la oportunidad de estar juntos de otra manera.

No fuiste tú… fui yo… y fue ella… ella a quien yo ni conozco… Fue ella que llegó primero, que tenía tu corazón desde antes. Y aquí estoy, aprendiendo de nuevo que todo pasa por algo, aunque yo no sea capaz de comprenderlo tan fácilmente… Aquí estoy yo, que por un par de veces, contigo, dejé de ser la chica de las citas fallidas.

Con un nudo en la garganta y con el pecho estrujado intento tomar lo mejor de todo esto… intento no perderme en la tristeza… Pienso en ti y en todas las cosas buenas que pasaron en poco tiempo… en todo lo que hoy se termina… You are in love with your colombian girl.



American Analog Set - She's half

She's half
And her mom's from Indiana and she
she married an Asian man and they
they brought her from Japan to be
happily suburban and I
I met her one summer when I was
I was just visiting ten days.
Her wrists were island thin but she
she smiled like her Indy kin
and she's half.


She's half.

She's into strictly rich and
overworked businessmen.
She don't remember when
she used to hold my hands
after the Rollerland,
after she closed the stand.
Now it's supply and demand
and it just comes down to the math
and she's half.

And she's half.



domingo, marzo 10

La chica de las citas fallidas


He tenido varias citas en mi vida… todas muy peculiares. Ya le tengo muy poco temor a salir en citas a ciegas, aunque no es nada de lo cual me enorgullezca.

Él parecía diferente de los demás: más íntegro y con mayor convicción. Lo elegí por ser diseñador y por poner tildes cuando escribía, como lo hacen las personas “decentes”. La primera vez que escuché su voz me gustó, me gustó cómo se reía… y ha sido el único extraño a quien le he permitido usar el diminutivo de mi sobrenombre: Chinita.

Con el tiempo resultó que soy muchas de las cosas que más detesta: capitalista, cínica y sufrida… ambiciosa en el peor de los sentidos… una consentida que trabaja en la zona coqueta de Polanco… carente de todo conocimiento del budismo y la doctrina zen… poco reflexiva… superflua. Y todo ello lo averiguó en menos de 20 días y con una cita de cinco horas.

El día que nos vimos odié su horroroso suéter a rayas, pero no se lo dije porque no quise herir sus sentimientos… de haber sabido el desenlace, no hubiera titubeado en externarlo, en decirle que ese suéter era uno de los más feos que he visto en mi vida. Yo tan considerada como siempre.

Ese viernes no tenía planeado salir… sólo quería ir a mi casa a dormir… Luego resultó que ya estaba en camino, y después lo tuve de frente con su suéter a rayas… Me molestó que no se ocupara de caminar por fuera de la acera, como lo hacen los caballeros, pero evadí el detalle, total que los hombres modernos ya no saben nada de eso.

¿Quería una cita, no? Ahí estaba, expuesta a la mirada analítica de un desconocido que quería que le contara mi vida. Cerraron Starbucks y nos quedamos en el frío de la calle; yo no quería llegar a mi casa todavía, así que decidimos ir a otro lugar. Tomamos un taxi mientras yo le contaba las aventuras por las cuales pasé antes de llegar a mi actual empleo.

Luego entramos a un pequeño bar en Coyoacán; pedí un clericot y él una cerveza. Lo escuché mientras me hablaba de sus intereses y de algunas personas con quienes había salido. Yo me aferraba a pensar que él era una persona esforzada, de esas que quieren hacerse de su propio destino con base en sus particulares valores.

El tiempo se fue relativamente rápido… jamás me dijo estar incómodo… jamás expresó un desacuerdo… Él sólo me miraba de vez en vez… miraba sus botas de trabajo y luego le echaba un vistazo a mis zapatos de ante verde. Yo sonreía tratando de buscarle la mirada, tratando de adivinar algunas cosas.

Eran las dos de la mañana, y yo tenía frío; me ofreció su feísimo suéter a rayas… yo le dije que no era necesario, que estaba bien. Me preguntó si me llevaba a mi casa en taxi, pero se me hizo un abuso que diera tanta vuelta, tomando en cuenta que él estaba ya muy cerca de la suya… me dijo que podía darme dinero, y la verdad me ofendí un poco: no soy dama de compañía.

Mi taxi llegó y él se quedó en la calle esperando el suyo. No pude evitar la tentación de mandarle un mensaje para agradecer las atenciones; él contestó algo como: “Yo también me la pasé chingón…”.

Las cosas poco a poco se diluyeron hasta que desapareció… no hubo respuesta a mis mensajes, y comprendí que ya no quería hablar conmigo.

Hubiera sido un final predecible de no ser por todo lo que alguna vez conversamos. Yo quería pensar que un fiel admirador del camino del samurái tendría el carácter suficiente para ser claro con una mujer que le había dedicado algunas horas de su vida. Por otro lado, supongo que el budismo no tuvo nada que ver con su decisión de salir corriendo, esconderse y no darle más vueltas al asunto.

Yo seguía con la idea de obtener una respuesta, la necesitaba… y llegó de manera inesperada: encontré un blog suyo donde había un escrito sobre una chica de Internet con quien había salido. Y mientras iba leyendo se me hizo un nudo en la garganta: esa chica era yo. Sus palabras me describían a conveniencia con una lista de tres aspectos fundamentales: él sentía que lo había acosado, yo no tenía el suficiente intelecto para comprender sus complejos pensamientos y, finalmente, era yo, desde su punto de vista, sufrida.

Pues nada, la persona que yo había construido con trocitos de conversaciones nunca existió. Sólo quedó un extraño engreído que trataba de autoafirmarse criticando a alguien a quien no conocía del todo. Como en otras ocasiones, tuve una cita genial con alguien que era sólo un personaje… hubiera querido que existiera en verdad, pero la vida no siempre es como uno desea.

Muy pocas personas se muestran tal como son: con sus intereses, con sus desacuerdos, con sus miedos, con sus sueños… Y yo hubiera ignorado su horrible suéter a rayas, tomando en cuenta que eso era lo de menos si se trataba de alguien noble y honesto, cosa que estuvo alejada de la realidad.

Sin embargo, no me doy por vencida. Yo quiero pensar que hay personas diferentes, y que en algún lugar alguien parecido a mí me está buscando. Por lo demás, esto es aprendizaje: ensayo y error. ¿Qué hay de malo en intentarlo? ¿Qué hay de malo en querer creer y confiar? Al final uno crece como persona y se vuelve más fuerte.


Swan - Elisa

Walking by yourself in the cold, cold winter, 
wrapped up in your coat like 
it's a magic blanket.
You say no matter where I go, 
they all look like strangers, 
you see the world only seems 
a fairytale that it isn't.

Dream on, dream on, 
there's nothing wrong 
if you dream on, dream on 
on being a swan. 
But I know you're thinking...

And now you're looking at the sky, 
talking to your angel, 
could he turn this dirty street 
into a flying carpet? 
But then you say I am not scared of anything 
such a shy lie silent as a stone that is fallin' down. 

Dream on, dream on, 
there's nothing wrong 
if you dream on, dream on 
on being a swan. 
But I know you're thinking. 
"Am I gonna make it through?".

Dream on, dream on, 
there's nothing wrong. 
if you dream on, dream on 
on being a swan. 
But I know you're thinking 
"Am I gonna make it through?".

Go, girl, go... 
Go, girl... Go, girl... 

You're on the run, 
you don't look back. 
What did you see? 
What did you belt? 
You're on the run, 
trying to forget. 
What in the head? 
Is it so bad?

domingo, julio 22

Casi perfecto

He pasado tanto tiempo sin saber lo que quiero de alguien que esté conmigo, y es que la mayoría de las veces han sido tan improvisadas que caen en el límite de la resignación al tomar lo que se me va presentando.

Y si alguien me hubiera dicho que esto iba a complicarse, juro que no lo hago. Juro que no. Pero qué iba yo a saber que un señor de 42 años se convertiría en una compañía tan increíble, aunque fuera por corto tiempo.

La tarde en que nos conocimos me miró fijamente mientras yo bebía mi café.

—Tienes unos ojos muy bonitos.
—¿Perdón?
—¡Ah, es que eres algo sorda! Que tienes unos ojos muy bonitos.
—No lo creo, pero gracias.

Y yo jugueteaba nerviosa con la servilleta blanca… y hojeaba la carta una y otra vez evadiendo hasta donde podía sus ojos.

—Vaya que sí…
—¿Que sí qué?
—Que eres guapa.
—No lo creo, pero gracias por la amabilidad.
—Ahora resulta que sabes más de mujeres que un hombre.
—No entiendo.
—Que si yo digo que eres guapa, lo eres.
—Si tú dices...

Me contó de España, de las islas Canarias, de Santa Cruz de la Palma, de su gusto por la gastronomía. Yo comía de a poco, más lento de lo acostumbrado, mientras pensaba que ya se veía bastante “señor”.

Nos despedimos y minutos después mi teléfono sonó.

—¿Y bien?
—¿Y bien qué?
—¿Cambió tu opinión de mí para bien o para mal?
—No lo sé…
—¿No lo sabes o no me lo dices?
—Eres buen tipo.
—¿Paso por ti mañana?
—¿Mañana?
—Sí, y vamos a tomarnos algo.
—Mañana es martes… Es que no sé.
—¿A qué hora sales?
—A las cuatro.
—A las cuatro te espero, ahí donde me encontraste hoy.

Nos vimos el martes; me acompañó a hacer algunos trámites. Viajamos en metrobús, al bajar en una de las estaciones leyó en voz alta el letrero.

—Etiopía… ¿Capital?... Adís Abeba.

(Y yo pensando en cuántas personas se saben las capitales del mundo para luego usar ese conocimiento como tema de conversación.)

A la tercera cita dejé de lado los años que nos separaban. Reímos mucho. Me ofreció su hombro para apoyar mi cabeza mientras viajábamos rumbo al sur de la ciudad.

¿Qué busca en un hombre una mujer que se acerca a los treinta? ¿Se puede generalizar? A mí me bastó la buena conversación… la ternura… las risas… la dulzura… sentirme protegida y llena de cariños… No sé…

Él es un buen padre. Baña a su hijo, le da el biberón, lo lleva al parque, lo cambia cada noche y se encarga de acostarlo… Yo he decidido dejar de verlo.

Mis golpes de suerte duran poco, pero todas son experiencias, y al menos cada vez estoy más cerca de saber qué es lo que quiero de una persona para compartir parte de mi vida.

domingo, abril 10

Desprendimiento

Hice algo que desde hace mucho debí hacer… Cansada de escuchar tantas estupideces me levanté de la mesa y dejé el billete de 100 pesos, pese a que había sido una supuesta invitación y a que resultó una pérdida económica para mi bolsillo.

Me costó 100 pesos reconocer lo negativo de una persona en mi vida, aunque, quizás si lo veo como una inversión, hasta me salió barato. Esos 100 pesos representaban la mitad del costo del disco Silent alarm de Bloc Party que ya no me pude comprar.

Reafirmé un poco mi teoría de que la gente no sabe “dar”… no todos somos capaces. Hay quienes dan porque esperan algo de vuelta, porque necesitan que el otro esté supeditado a sus caprichos y egoísmos… hay quienes no dan desinteresadamente.

Quizás ya me lo imaginaba por lo poco que ella me conoce, a pesar de que se decía mi amiga: después de que murió mi abuela, y mientras pasaba por una “desilusión amorosa”, me regaló un deprimente libro de Murakami que ni siquiera terminé; además, en un cumpleaños me obsequió un libro de un autor que ni conozco de obras dramáticas que ni me gustan… no lo he leído.

En casa, desde pequeña mis padres siempre me enseñaron que ser observador y detallista implica una bonita muestra de afecto. Yo digo que cuando uno regala con base en sus propios gustos es porque ni siquiera se preocupa por los del otro… A mí me gustan los discos y los libros de cuentos, después de casi tres años ella no lo sabe.

No me pondré en el papel de víctima a decir que el mundo es cruel… después de tantas experiencias mi carácter se ha fortalecido. En otro momento me hubiera quedado a escucharla, autista, como la última vez… asintiendo con la cabeza… comiendo de prisa. Pero no esta vez… no más. Igual comí de prisa, pero sin escuchar lo que no me vino en gana escuchar.

Todo comenzó porque no soporto los chantajes. Lo real es que ella sólo se acuerda de mí cuando termina con su novio. Me busca, me llama por teléfono… yo trato de tranquilizarla, hablamos de lo mismo por varios días… Luego ella regresa con él y dejo de saber de su existencia hasta que se presenta una nueva separación… “bla-bla”.

Esta vez además se encargó de recordarme que hace unos años tuve una relación malsana con alguien que ni siquiera fue mi novio, entre otros aspectos de mi vida. Lo bueno es que encuentra consuelo pensando en que todos los demás están de alguna manera jodidos como ella, aunque sea en menor proporción.

Y yo hubiera soportado ser tachada de mala, egoísta, insensible, intolerante, imperfecta… pero con lo último ya no pude: “Acuérdate que cuando comenzamos a hablarnos más tú estabas con lo de tu abuela [entiéndase abuela en etapa terminal de cáncer] y yo nunca te dije que no hablaras de eso”… Pues sí, aquello se me hizo demasiado bajo (hasta para ella)… bajísimo.

Creo que, por más desesperado que se esté, uno debe tener principios, y por supuesto no hacer comparaciones idiotas. Pero es que obviamente a veces espero demasiado de los demás, con el riesgo de equivocarme, aún después de muchos años.

El resto no me importó… todo lo demás no quise escucharlo. Es una persona dañada y por lo tanto dañina; porque cuando alguien no está bien consigo no puede ofrecerle nada bueno al mundo. Así que le pedí que me dejara comer mi sándwich; total que, como todas las veces, aunque fuera una supuesta invitación, yo iba a pagarlo.

Preguntó qué iba a pasar con nuestra “amistad”, así que sólo le dije la verdad: “bueno, tú me escuchaste cuando mi abuela se estaba muriendo, yo ya toleré tus cosas… estamos a mano”. Y en un sentido más práctico así debe ser, no tengo más “deudas” con ella. En la mesa se quedó mi billete de 100 pesos.

Mientras caminaba por las calles del centro de la ciudad pensaba en el hecho de haber cerrado otro capítulo en mi vida, como lo he venido haciendo los últimos años: en eso consiste madurar. Voy dejando lo innecesario para dar espacio a personas y experiencias nuevas… creo que comienzo a entender un poquito esto del juego de vivir.

Si pudiera regresar el tiempo, quizás evitaría el momento de confiarle lo que le confié… pero eso ya pasó. No me queda más que aprender y tener fe en que no todas las personas son iguales. De cualquier manera siempre tengo motivos para creer.

Y yo soy como soy. No me interesa aparentar… no me interesa llamar la atención de los demás… Amo mi vida sencilla… amo la vida. No me interesa estar a la moda, ni ser intelectual, ni tener un club de admiradores… Estoy aquí… nada más para tratar de hacer la diferencia, para tratar de hacerlo bien.

lunes, marzo 28

J. R.

Nunca nadie se había dado cuenta de que mi labial tiene un sabor frutal… nunca nadie me había dicho que mis labios se sienten “ricos”… Y, sí, me embarga una extraña satisfacción egocéntrica que, aunque quizás me dure poco, me tiene con una sonrisa dibujada en el rostro.


Mis primeros acercamientos con el sexo opuesto fueron un desastre, razón por la cual decidí caminar por la acera de enfrente para mirar desde lejos, como una espectadora de mis deseos; así al menos no duele el corazón, ni el orgullo… así no incomoda el fracaso.


Cualquier idiota cree saber lo que una mujer necesita, síntoma típico de una sociedad mediatizada en la que para muchos todo se basa en un adecuado uso de las películas pornográficas como material didáctico. Lo real es que nadie sabe de las necesidades del “otro”, o bien porque se está en constante lucha con los demonios propios o porque es más grande el egoísmo.


No somos objetos, pero la sociedad nos va moldeando para cumplir expectativas. En mi caso, ser mujer: ser agradable, cultivar la “feminidad”, decir sólo lo adecuado, pensar poco… fingir; de lo contrario, aceptar ser una especie de “patito feo” que vive en la vergüenza de no cumplir con los cánones.


Me he puesto a pensar en lo trágico que resulta no aceptarme tal como soy… preguntarme todos los días por qué soy ésta y no otra. Mis padres quisieran que fuera delgada, los tipos con quienes he salido quisieran que dejara crecer mi cabello… ¿Y yo qué quiero? Quisiera, simplemente, mirarme en el espejo sin sentirme tan imperfecta.


¡Y al diablo con el mundo!... Por esta vez, como desde hace mucho no lo hacía, atravesé la calle y caminé por donde quise… la vida se va rápido. Por esta vez yo dije “sí”, y él me sonrió bonito y me llamó morena.

lunes, febrero 21

Busco un lugar

Sigo bajo presión, pero hoy, pese a todo, dormí unas horas. Me desperté con los rayos del sol y he tomado un baño con agua caliente… estoy en casa. Lo que comenzó hace unos días aún no termina, se ha ido prolongando poco a poco, como producto de las circunstancias, unas que no he elegido del todo, pero que he asumido.


No quito el dedo del renglón, pagaré el resto de la especialización editorial y viajaré a Europa. Me iré sola, con mi dinero… con el dinero de mi trabajo, con el dinero de mis horas de desvelo, con el dinero de mi continuo batallar, cuando logro vencer las ganas de dejarlo todo y dormir… me iré a Italia y visitaré el Coliseo, aunque mi padre diga que es más importante tener un coche.


Me iré para ver un cielo distinto, para conocer gente diferente… Me iré por el simple gusto de saber qué se siente demostrarle al mundo que la vida es lo que uno quiere, como uno quiere. Me iré para recordar que puedo vencer el miedo, para sentir de nuevo el corazón en la garganta cuando me suba al avión. Me iré porque quiero, porque necesito razones para creer.


Cuando era niña había cosas que parecían imposibles, lugares que se me presentaban como inalcanzables... quizás hoy no soy quien en esos años creía que sería… quizás todo se presentó mucho mejor. Y si esto fuera como el viaje a Ítaca, lo importante no será Roma, sino todo lo que ocurra antes de llegar allá.


Me iré sin pretensiones ni esnobismos, sin aires de intelectualidad. Me iré con toda mi ingenuidad… sin temor de parecer “inculta”. Me iré a comer pizza y pasta… Y luego, cuando regrese, pensaré en un nuevo plan que no me deje dormir.


“Sueño con los ojos abiertos,/ puede que pienses que estoy loco,/ porque me creo lo que sueño./ Y si tú quieres, te los cuento,/ los escribí en un libro abierto,/ en el lenguaje de los sueños./ ¿Qué hay de malo en perseguir los sueños?,/ ¿qué hay de malo en soñar despierto?...” (Realidad o sueño/Jarabe de palo)

martes, enero 4

No soy de aquí ni soy de allá

Comienza 2011. Agarro mis barbies y me voy (de nuevo) a jugar al patio de Santillana... ya luego Dios (el destino para quienes en Dios no creen —obviamente yo sí—) dirá.

viernes, noviembre 12

Cry, Ophelia... it's the only thing to do sometimes


Di tanto, con tanta prisa, que al final me quedó un hueco, en algún lugar entre el estómago y el pecho… en algún lugar… Y ahora me asusto un poco al preguntarme qué me hace distinta de otras, qué podría hacer que alguien se fijara en mí y no en las demás… y está implícita la interrogante de quién soy.

No puedo ofrecer más de lo que tengo. No puedo más que esperar, como me lo decía mi abuela, como lo dice mi madre, como lo dicen las amigas… esperar, con lo que odio la espera. Esperar a que ocurra una especie de milagro… esperar encontrarme... conmigo... para que las circunstancias “fluyan” como deben.

Y me encierro en mis cuatro paredes, mucho más altas de lo que algunos podrían imaginar; aún no aprendo a vivir conmigo. Tanta fragilidad a veces me da asco, tanto miedo a veces me ahoga… Dejar de intentar como estrategia de último momento, porque hay quienes dicen que las cosas llegan cuando uno menos se aferra.

Tiempo transcurrido con personas diferentes: películas, viajes en auto, cafés… algún beso robado… tratos inapropiados, descuidos de ésos que duelen… El resto del tiempo caminando por la calle, sola… pensando. Y esa manera en que más de uno me ha mirado, para después preguntarme si estoy bien, mientras yo asiento con la cabeza, ausente… porque hay momentos en que quisiera estar lejos y viajo con la mente.

Tengo un diario electrónico, un diario, como las adolescentes… una parte de mí se niega a madurar. Y en ocasiones lloro, sin tanta vergüenza, porque supongo que todos lloramos alguna vez… Y supongo también que todos nos enamoramos alguna vez, y que nos equivocamos cientos de veces, y que volvemos a comenzar millones de veces.

Me detengo en mi lugar común, con el sueño de encontrar al amor de mi vida, de formar una familia, de tener un hijo… Me detengo en mi lugar común, mientras observo cómo se aman mis padres, cómo los amigos comienzan a hacer vida en pareja, mientras me pregunto dónde estaré en un par de años.

Quizás es tiempo de buscar ese hueco y llenarlo, de sanar… quizás es tiempo de tomar un respiro. Quizás es tiempo de descansar un poco, de aceptar errores y de pensar… Porque todos a veces lloramos y, luego, cuando la angustia pasa, volvemos a intentar.

Cry, Ophelia
Adam Cohen

Something went wrong,

you're not laughing,

It's not so easy now to get you to smile.


You gotta be strong,

to walk these streets

and keep from falling,

but when you're not, just let yourself cry.

You've been working hard,

just trying to pay the rent,

tryin' to draw the line between who you are and who you invent.

But if you throw a stone,

Something's gonna shatter somewhere.

We're all so fragile,

we're all so scared.

You say you wanna learn how to live your life without tears,

but we've been trying to do that for thousands of years.

So go on and cry Ophelia,
it's the only thing to do sometimes.

You know I'm crying too,

right there with you.
It's alright, Ophelia,
everybody cries.

Thank god for my bad memory,

I've forgotten some of the stupid things that I've done,

I've come to a little wisdom through a whole lot of failure,

so I watch more carefully what rolls off my tongue.

You pray for rain,

but you don't want it from a storm.
Yeah, you find a rose

and cut your finger on a thorn.
So go on and cry, Ophelia,

it's the only thing to do sometimes.

You know I'm crying too,

right there with you.
It's alright, Ophelia.

Everybody cries, Ophelia,

it's the perfect thing to do sometimes,

you know I'm crying too, right there with you

It's alright, Ophelia,

everybody cries, Ophelia,
cry, Ophelia,

I'm crying too, right there with you,

it's alright, Ophelia,

everybody cries…

lunes, noviembre 1

De la muerte en días "festivos"

A mi abuela le gustaban las ofrendas… a mí ya no tanto. ¿A dónde irán los muertos? ¿En qué creemos? ¿En qué creemos cuando al final de sus días alguien nos dice que siente un terrible miedo porque no sabe si después de morir habrá algo más, porque le teme al dolor y a lo desconocido?


Ya no creo tanto en los rituales. Sé que una parte de la persona se queda con los suyos, que se aloja en el corazón de quienes la amaron… pero la muerte ya no significa para mí lo mismo que antes… no significa lo mismo que cuando mi abuela y yo encendíamos las veladoras o comíamos pan de muerto juntas: ella ya no está aquí.


Todos hemos dicho más de una vez “cuando yo me muera…”, y de repente un día abrimos los ojos y la muerte es una realidad. La muerte ya no es calavera de azúcar, ni cempasúchil, ni folclor… La muerte es muerte, es caja con cenizas, es llanto de ése para el que parece no haber consuelo.


Pero lo hago por si acaso. Por si acaso mi abuela viene… por si de alguna manera la llamo con el pensamiento mientras hojeo su libro viejo de recetas, mientras tomo entre mis manos un rosario que alguna vez ella tuvo entre las suyas… mientras le pido una disculpa por no haberle dicho que le tenía miedo al cáncer, pero que, por sobre todas las cosas, la amaba.


Y quizás dentro de algunos años yo tenga un nieto o una nieta, y entonces le diré que pongamos una ofrenda, que a mí me gustan, que es una tradición heredada en la familia. Le diré que “cuando yo me muera” no quiero que llore, ni que piense demasiado en el final de la existencia… Le diré que le dejo mis discos… y un libro viejo de recetas, y un rosario que eran de mi abuela.

sábado, octubre 23

Respuestas caídas del cielo

Hoy fui a mi clase de la especialización. Módulo VI Diseño editorial.


El profe nos mostró algunos libros para que observáramos las características de las portadas y de los interiores… y a mí se me ocurrió hojear el que tenía entre las manos: La lucidez del cuerpo, de Jeanette Amit.


La portada, como se nos había explicado, está ilustrada con un grafismo, en este caso, una plasta de color… Y a mí se me ocurrió abrir el poemario… en cualquier página… y ante mis ojos apareció "Penélope no espera más".


No dije nada, sonreí. Y de nuevo me dejé llevar por la terrible costumbre de pensar que mi vida es curiosa... que las señales existen y aparecen cuando uno menos lo espera… Tomé el lápiz y escribí en mi cuaderno un fragmento del agüero, buen agüero, espero:


“Penélope no regresará más,

ya no puede esperar sobre sus huesos,

no hay tejido tal para la ausencia

y Troya es el destino de su cuerpo...”


Mi madre siempre dice que “nombre es destino” y yo pienso en la imagen de una Penélope que espera… y no sé si yo quiero hacerlo. En realidad creo que la paciencia no es una de mis virtudes.


En fin, me quedo con el augurio de hoy… ya veremos qué pasa.

jueves, septiembre 30

En busca de...

Las personas piensan que en la vida todo es un empleo… yo creo que depende en qué te emplees y, aún así… comienzo a creer que no tienen absoluta razón. Dejé mi trabajo y, para ser honesta, fue algo que no me sorprendió del todo, pues desde un comienzo tuve la típica duda de si era lo que en realidad quería.


Después de que mi abuela murió de cáncer, he comenzado a pensar que la vida es menos complicada de lo que uno cree, y quizás no tiene nada de raro que decidiera renunciar poco antes de cumplir mis 27 años. Nada es para siempre, ni siquiera el desempleo… todo pasa… uno resiste y todo pasa…


Cosa rara, que en esta ocasión no pienso culparme. No tiene nada de malo reconocer que uno está en una situación que no lo hace feliz. Y no hay necesidad de “pelear”, ni de desgastarse, todos tenemos una visión distinta de la vida, y la vivimos con diferente intensidad. Yo soy desmedida, porque soy joven, dicen… y mejor aprovecho, porque la juventud no dura para siempre.


Es importante reconocer lo que uno quiere, y yo ya quiero algo de estabilidad… pero no una estabilidad mediocre. De no haberme arriesgado en otras ocasiones no hubiera vivido experiencias maravillosas y jamás hubiera vislumbrado otras posibilidades. Aún recuerdo cuando una de mis jefas me dijo que en aquella editorial ya no había más oportunidad que esperar a que un editor renunciara o muriera de viejo, ja.


A mis casi 27 años aún quiero sentirme joven… no con una perforación o un tatuaje, no con unos zapatos tenis o un pantalón roto. Simplemente quiero seguir mis convicciones. Así no llegaré al final de mi existencia pensando que le entregué lo mejor de mis años a una empresa que me mantuvo arrinconada en el mismo lugar, sin reconocerme potencial o talento.


Pues bien, aquí estoy, a unos días de cumplir mis 27, me falta un rato para llegar a cuarentona amargada. No tengo hijos ni un marido a quienes mantener, no tengo más responsabilidad que conmigo… y con aquellos a quienes quiero y que, de cualquier manera, más que exigirme me apoyan. Mientras la cosa no cambie, puedo seguir intentando hasta hallar mi lugar.


No parto de cero, vengo de una familia para la que no existen imposibles, mi madre y mi padre son excepcionales y mis hermanos brillantes. Yo, Penélope, la China, intentaré madurar y perfeccionarme, al tiempo que lleno mi vida con pequeñas cosas importantes, al tiempo que sigo en esto de los libros… y ya veremos qué pasa… todo saldrá bien.


Tiempo al tiempo

Fito Páez


Cuando niño preguntaba si el río

llegaría algún día al mar,

una voz que andaba por ahí me dijo:

“tiempo al tiempo”.


La verdad es que ya aprendía a esperar

que se escriba sola la canción,

cada cosa en su justo lugar

dale… tiempo al tiempo.


Nace una flor un día

y a la misma hora muere un amor,

es dura la caída,

pero qué alegría cuando hacemos el gol.


Cada día es una oportunidad

de salir a la calle y enfrentar al viento,

los sueños a veces se hacen realidad,

dale… tiempo al tiempo.


Pensaba en Los decadentes,

cuántas noches en la ruta,

hoy siguen juntos, qué bueno que está,

dale… tiempo al tiempo.


A las ruinas de un amor,

el cadáver de tu enemigo

te acerca la distancia,

entonces estás vivo.


Cuidado con lo que querés,

porque algún día lo podrás conseguir,

no se trata sólo de tu voluntad,

dale… tiempo al tiempo.


Todos los días sale el Sol

y la luna vuelve a brillar,

ni siquiera una bomba lo puede parar,

dale… tiempo al tiempo.


Espero que los tuyos estén bien

y vivas con felicidad

lo que te queda en este mundo,

nadie sabe más allá,

dale… tiempo al tiempo.

domingo, agosto 15

Historia de taxi

—¿Ya con el galán?

—No

—Es que como te subiste perfumada y arreglada, pensé que ya te ibas con el novio.

—No tengo novio.

—Pero tienes pretendientes, ¿no?

—¡Ay, sí, un montón! Siempre es bueno tener mucho de todo…

—¡Eso es actitud!… Es más, pásate para acá adelante.

—No, aquí estoy bien.

—Bueno… pues es que yo decía…

(Silencio)

—¿Entonces sí eres soltera?

—Sí, y estoy muy bien así.

—Bueno, pero un novio no estaría mal…

—Quizás…

—Para esas noches de frío…

—Para esas noches de frío, una cobija

—Pero una cobija humana, ¿no? Es mejor.

(Yo ya no sabía si reír o bajarme.)

—Tal vez… lo pensaré.

—Sí, alguien para de vez en cuando…

(Me río)

—Pensaré en ese consejo.

—¿Y como te llamas?

(Alguna personas mienten en esas circunstancias… pero como no volvería a verlo…)

—Penélope

—Penélope… ¡órale, está bonito!

—Gracias… Por aquí adelante está bien…

(Saco el dinero del monedero y extiendo mi mano.)

—¿Oye, entonces no me das tu número de teléfono?

(Le sonrío.)

—No, pero muchas gracias.

(Miro de reojo la decepción en su rostro… lástima que los taxistas no son lo mío...)