sábado, mayo 28

AyEr

Siempre me ha gustado escribir acerca de las personas a quienes comienzo a conocer, es como dibujar a los personajes de mi propia novela; además, resulta divertido retar a la memoria y conservar el recuerdo de la primera impresión.

¿A qué viene este pequeño prólogo?, pues resulta que ayer tuve la oportunidad de conocer a alguien. Con frecuencia Claudia me hablaba de él y de las posibles coincidencias: “Quizás se llevarían bien, tienen muchas cosas en común… Un día de estos te lo voy a presentar…” Fue así como me enteré de que toca el bajo, y que le encanta la música, también supe de su admiración por Frank Zappa.

Ayer conocí a Vladimir. A pesar de haber visto su fotografía pensé en la posibilidad de no reconocerlo. El factor sorpresa siempre es más divertido, quedé de llegar a su Facultad (Contaduría y Administración) en el transporte interno, pero, al fin de cuentas opté por hacer tiempo y caminar desde Filosofía, pues Claudia me dijo que no suele ser muy puntual.

Llegué 15 minutos tarde, con frecuencia los papeles se invierten; menos mal que me encontré con una persona bastante alivianada. “¿Puedo ver tus cosas?”, pregunta extraña a mi parecer. “¡Qué vergüenza! —pensé. Mi bolsa está hecha un asco, si tan sólo hubiera tirado mi basura en el camino…”. Respuesta rápida: más vale entretenerlo con un fólder.

También conocí a Gabriel y a su novia Mónica, después saludé a Ulises. Nos fuimos a Cuicuilco y vagamos hasta que comenzó el concierto de Hummer Squeal. “Están caritas los tipos”, comentario gracioso si viene de un grupo de hombres. “Pues nada más el güerito y el bataco, porque los otros dos están muy sin chiste; al de naranja, yo de plano mejor lo ponía hasta mero atrás”, respondí.

“¿Y ahora qué hacemos?”, fue la pregunta colectiva. Por consenso todos decidieron ir al billar, no digo “decidimos” porque yo no sabía ni cómo salir del lío sin verme antipática. ¿La razón? bien le había dicho a mi madre que, en viernes, 20 pesos no sirven para maldita sea la cosa. Nueva vergüenza, ¿cómo se le dice a alguien que no traes más que para el pasaje de regreso?

Me hice de tripas corazón hasta que llegamos. No puedo negar lo mucho que me divertí; no jugué nada bien, pero me reí mucho, sobre todo de mi falta de destreza. Pensé que la semana había valido la pena después de pasar un viernes tan agradable. ¡Upsss!, llegó el momento de cooperarse y yo no pude caerme ni con un varo, sólo espero no haberme quemado demasiado.

Vladimir y yo nos fuimos juntos hasta el metro Nativitas. En el camino platicamos algunas cosas, pasamos de un tema a otro y nos reímos varias veces. Esta fue una de las pocas ocasiones en que alguien me deja adentro del metro, eso es algo que debe ser muy tomado en cuenta si me pongo a pensar que la última vez tuvieron a bien botarme en los paraderos del metro Taxqueña.

Conclusiones de la tarde:
Vladimir es un tipo simpático, amable, pero sobre todo muy divertido.
En definitiva, no soy nada buena para jugar billar.
Algunas playeras son demasiado pequeñas.
Es chido conocer a personas que no sean de Ciencias Políticas y Sociales.
Claudia tenía razón.

405
Death Cab For Cutie
Ah ah ah ah ah ah,
Ah ah ah ah ah ah.
(***)
I took the 405 and drove the stake down into your center
and stated that its never ever been better then this.
I hung my favorite shirt on the floor board wrinkled up from
pulling pushing and tasting. (tasting)
(***)
You keep twisting the truth,
that keeps me thrown askew.
(***)
Misguided by the 405 because it led me to an alcohol next summer.
I missed the exit to your parents house hours ago.
Red wine and cigarettes hide your bad habits underneath the patio. (patio patio patio)
(***)
You keep twisting the truth, that keeps me thrown askew.
You keep twisting the truth, that keeps me thrown askew.
(***)
Ah ah ah ah ah ah,
Ah ah ah ah ah ah,
Ah ah ah ah ah ah,
Ah ah ah ah ah ah.

miércoles, mayo 25

¡Corre Forrest, Corre!

¿Sedentarismo?, ¿Pasividad total?, ¡Haga lo mismo que yo!...

Toda mi vida he tenido pésimos hábitos, no hago más que ejercicios cerebrales y vivo de una rigurosa dieta a base de chicharrones, palomitas con salsa valentina y coca-cola. Pero, aunque nadie lo crea, este fin de semana pude convertirme en "deportista por un día".

Cuando menos me di cuenta ya me encontraba en la línea de salida, junto a una multitud que coreaba el "gooooya" al unísono. Y ahí estábamos, cuatro de los mejores deportistas de México, jajaja: Gay-Gay-Gay (Gade), Sopa de pan (Diana), Alex (Alejandro) y la China (yo); todos dispuestos a correr los mejores ocho kilómetros de nuestras vidas.

¡Qué vergüenza!, Alex me dejó atrás casi desde el inicio, Diana tuvo un poco más de compasión y me acompañó hasta el kilómetro dos... a Gade me lo encontré a medio recorrido, pero también me revasó. Después de que Gay-Gay-Gay me abandonara, bajé el ritmo, ya más bien caminaba, fue entonces que escuché el consejo de una mujer de unos 60 años: "No te pares, aunque sea trota, pero síguele, ¡tú puedes!".

En realidad fue toda una experiencia, pocas veces se vive un ambiente tan divertido y lleno de solidaridad. Porras por todas partes, la gente que nos gritaba: "corran, muchachos, ya nada más faltan tres kilómetros". A duras penas llegué a la meta, corrí mis últimos trecientos metros sobre la pista del Estadio Olímpico Universitario y recibí una graciosa bienvenida: "Y ahí viene la mil 64, con enormes esfuerzos, y ahora... ¡una enorme sonrisa!"

Fue así como rompí la monotonía cotidiana, aunque fuera sólo por un día; fue así como viví el XV Maratón conmemorativo del programa Goya Deportivo...


Encuentro fortuito
Camino a la carrera me hice de un "amigo", un chico simpático que se ofreció a compartir conmigo el "veintiúnico" taxi que había.

Amable a más no poder, con una hermosa sonrisa, Saúl, estudiate de Letras Hipánicas me hizo compañía hasta que encontré a mis amigos. "Me gusta hacer cosas diferentes a las que siempre hago", me dijo, antes de que me pidiera que le tomara una foto "con el estadio de fondo".

Nos separamos para comenzar a correr, las mujeres salimos diez minutos antes que ellos... Debut y despedida, perdí a Saúl entre el mar de gente... Ahora sólo me queda hacer su retrato hablado y pegarlo por toda Ciudad Universitaria, jajaja.


miércoles, mayo 4

Quiero llorar...

Había una vez un perro labrador... era del mismo color que el café con leche, tenía enormes patas y babeaba mucho... se llamaba Fedor.

¡Ese era mi perro!, y hoy resulta que se ha extraviado. Mi abuela dice que fue un "accidente", ya saben, "los accidentes pasan..."; ella dice que en cuanto abrió la puerta el perro salió corriendo y ya no lo pudo alcanzar. Ahora Fedor está Dios sabe dónde y yo me siento muy triste porque lo extraño; además, mi hermana no ha dejado de llorarle, llora cada que se acuerda, llora con mucho sentimiento...

Me da por recordar. Era mi mala costumbre alimentar a Fedor con dulces, cacahuates, chocolates, papas fritas y pan dulce; siempre compartía con él un poco de lo que en ese momento me hallara comiendo. Me gustaba cómo movía la cola, y cómo salía disparado a recibirme cuendo me veía entrar por la puerta.

Fedor, ojalá recuerdes el camino a casa, porque aún tengo la esperanza de que vuelvas. No me hago a la idea, así que prefiero pensar que vas a regresar...

Miel
Colchón
Por el tiempo que estuvimos juntos
Por las cosas que pasé contigo
Hoy quiero que sepas que estoy aquí
Por ti
***
Por ti, yo sería capáz
De darte la vida
***
Contigo las cosas parecen tan simples
No puedo esperar a verte un día más
Hay tantas cosas que quiero decirte
Pero me falta valor
***
Por ti, yo sería capáz
De darte la vida
***
Por ti, yo sería capáz
De darte la vida
Pero no sé qué hacer
Más que esta triste canción
Más que esta triste canción...