Escuchar su voz me producía un especie de calma… me gustaban sus breves silencios, la manera “bonita” en que reía… Aún recuerdo todas aquellas cosas que dijo en la primera cita. Y yo pensaba en lo extraordinaria que resultaba su capacidad de captar tantas imágenes hermosas en medio de una existencia difícil.
Su ortografía impecable era para mí un sueño hecho realidad. Su ímpetu me hacía pensar en las esperanzas y en las ganas de comerse al mundo. Ahí estaba yo, con mi brazo sobre la mesa sosteniendo mi cabeza mientras lo escuchaba hablar y sus ojos chispeaban luego comentarme algo gracioso.
Y me gustó. No tendría por qué mentir. Yo hubiera querido que esa misma tarde me besara… hubiera querido que me permitiera aliviar el impulso contenido. Hablamos por horas, comimos y caminamos un poco. Me dijo que le gustaba el futbol, el béisbol, el box… y escribir poemas. Por alguna extraña razón yo le regalé un libro de Cortázar.
Las circunstancias ocurrieron con rapidez. Él dijo que yo le gustaba, yo le dije que él a mí. Y creí que no tendría nada de malo entablar “algo” sin mayor compromiso. Ese día lo cité frente al trabajo, y mientras caminaba por la calle alcé mi mano para que me encontrara en medio de la multitud y la noche.
Antes de entrar me besó de una manera en que nadie lo había hecho; seguramente sintió el estremecimiento de mi cuerpo. Y luego yo lo miré por un instante para reconocer, una vez más, esos rasgos infantiles en su rostro. No hubo tanto preámbulo; yo sentía un poco de miedo, pero él se encargo de disolver una parte.
Recuerdo muchas de sus palabras… esas que me hicieron comprender que cada experiencia en la vida es distinta. Ahí se terminó mi tonta idea de “complacer” al otro. Fue natural, no tuve que adoptar un “papel”, ni decir nada que no quisiera, ni tratar de aparentar… Sin embargo, no ocurrió lo esperado.
Contemplé su decepción. No hablé mucho después, sabía que no volvería a verlo. No quise ser su “amiga”… en estos momentos no quiero ser amiga de nadie. Con toda naturalidad, días después, él reaccionó dejándome claro que, luego de pensarlo, a él tampoco le gustaba la idea. Y se terminó.
Después de un par de semanas confundida, concluyo que no me arrepiento de lo que hice ni de lo que no hice. Y concluyo que me siento aliviada de saber que la vida está llena de encuentros y desencuentros. A veces lo extraño, pero al menos ahora sé que soy capaz de sentir de muchos modos... todos distintos siempre.
***Y tal como lo dijo F8a... ¡Me divertí al escribirlo! Abrazos hasta Colombia.
