viernes, noviembre 20

Satélites

Esta semana hay venta especial en la editorial y, aunque no soy “empleada” como tal, se me hizo extensiva la invitación: La seducción de las palabras, de Álex Grijelmo; Antología de ciberficción; Noches de pesadilla. Antología de cuentos de terror; Buzón del tiempo, de Mario Benedetti; Cuentos de terror, de Arthur Conan Doyle; Palabras hechas canciones. Mentiras piadosas, de Joaquín Sabina; Casa tomada y otros cuentos, de Julio Cortázar; Todos los fuegos el fuego, también de Cortázar; Rebeldes de S. E. Hinton, y un bonito libro infantil titulado El rock de la momia y otros versos diversos, de Antonio Orlando Rodríguez.


En mi listado falta uno: La cantante descalza y otros casos oscuros del rock, de Jordi Soler. Este libro, el más “flaquito” de los que compré, ha sido el primero que comencé a leer. Un relato me bastó, sigo harto divertida después de chutarme “El oficio secreto de Elvis Presley”, en el cual Soler narra cómo es que, en su tiempo libre y bajo la identidad de John Burroughs, “el rey” se presume como agente antinarcóticos… todo un viaje.


Quien ya haya leído a Soler habrá de disculparme, yo no lo había leído… Es lo bueno de las ferias y las ventas especiales: uno puede pararse frente a los estantes, mirar las portadas, leer las sinopsis de las cuartas de forros, compartir opiniones con otros compradores, dejarse llevar por una corazonada y, finalmente, elegir. Yo leo la palabra rock y ya es una garantía: por mis venas corre el rock, ja.


Me puse a investigar acerca de Soler y curiosamente me encontré con un pequeño texto que me cae del cielo en días como estos, días en que traigo un montón de ideas en la cabeza respecto de lo correcto, de lo justo… de lo importante. Me ha venido mi segundo aire, mi adolescencia tardía… la fijación esa de cambiar al mundo. A veces recibo tanto que no sé cómo dosificarlo, cómo compartirlo. Jordi Soler me leyó la mente… dice así:


"Hace algunos años lanzaba todas las noches, desde mi cabina de radio en la ciudad de México, un satélite al espacio. Entonces creía, como sigo creyendo ahora, que la música que oímos, luego de pasar frente a nosotros, sigue su camino ascendente hacia el espacio exterior donde vagará, tal como fue concebida e interpretada, entre miles y miles de piezas musicales, hasta el final de los tiempos. En su camino hacia la eternidad, esta canción va sonando, aunque no la oiga nadie, y además va irradiando sus notas, su melodía, su armonía, sus letras y sus fantasmas. La idea es que en algo mejora el mundo la cauda que va dejando cada canción.


Durante los últimos diez años del milenio anterior lancé el satélite por las causas más diversas: contra los abusos del ejército mexicano en Chiapas, contra la Guerra del Golfo, contra la brutalidad de la policía en la Universidad y a favor de un montón de iniciativas, siempre nobles, que proponía yo o la gente que me oía. El satélite que lancé durante todos esos años fue, y perdonen la obviedad, Satellite of Love, de Lou Reed. Me parecía importante que fuera siempre la misma canción, se trataba de celebrar un ritual colectivo, de que yo y las miles de personas que me acompañaban cada noche pensáramos, durante los 3 minutos con 40 segundos que dura la canción, en la misma cosa. Estoy seguro de que aquella fuerza organizada en torno al satélite sirvió de algo, cuando menos nos hizo reflexionar y, sobre todo, desear juntos que las cosas mejoraran. Esta es la versión contemporánea de aquel satélite, es la que toca en estos tiempos que corren; busca una causa personal o colectiva y lánzalo al espacio".


Y en medio de este mar de coincidencias, hoy yo lanzo mi satélite; tiene un poco de ambas causas, la personal y la colectiva… ojalá en su trayecto se encuentre con otros más.


Man in the mirror

Michael Jackson


I'm gonna make a change

for once in my life,

it's gonna feel real good,

gonna make a difference,

gonna make it right…


As I, turn up the collar on

my favourite winter coat,

this wind is blowin' my mind.

I see the kids in the street,

with not enough to eat,

who am I, to be blind

pretending not to see their needs?


A summer's disregard,

a broken bottle top

and a one man's soul,

they follow each other

on the wind ya' know,

'cause they got nowhere to go,

that's why I want you to know.


I'm starting with the man in the mirror,

I'm asking him to change his ways,

and no message could have been any clearer.

If you wanna make the world a better place

take a look at yourself,

and then make a change.

(na na na na na na na na na na)


I've been a victim of

a selfish kind of love

it's time that I realice.

That there are some with no home,

and not a nickel to loan

could it be really me,

pretending that they're not alone?


A willow deeply scarred,

somebody's broken heart

and a washed-out dream

they follow the pattern of the wind, ya' see

cause they got nowhere to be,

that's why i'm starting with me.


I'm starting with the man in the mirror,

I'm asking him to change his ways,

and no message could have been any clearer.

If you wanna make the world a better place

take a look at yourself,

and then make a change.

(na na na na na na na na na na)

jueves, noviembre 12

Acto de fe

Debemos creer en algo, aunque sea difícil, aunque algunas personas a quienes queremos a veces nos decepcionen… debemos seguir creyendo, como cuando éramos pequeños, como cuando entregamos nuestro corazón por primera vez… hay que creer.


Hay que creer en el poder del amor, en los milagros, en las palabras dulces que nos abrazan el alma… aunque todos digan que es fácil ir por la vida indolentes, que no hay necesidad de sentir. Hay que hacer cosas pequeñitas, y tocar la vida de alguien más… darle sentido a la nuestra.


Es imprescindible creer para seguir adelante, para tener fuerzas y luchar… para no cargar con un pecho hueco, vacío. Hay que dar lo mejor siempre; con entereza, como si el mañana no existiera, como si este fuera el último suspiro. Hay que seguir adelante, aunque a veces alguien nos lastime.


Amar… lo que tenemos, lo que somos, lo que nos regalan. Aun el dolor más profundo sana si tenemos fe. Comenzar de nuevo, una y otra vez; reafirmar cada día lo que somos, desvergonzadamente, cínicamente… con pasión. Y en el momento más caótico, cuando nos sentimos más solos, aferrarnos a lo que llevamos dentro.


Mover al mundo, movernos con el mundo… despertar. Creer, como antes de que unos cuantos nos dijeran que es imposible, como cuando tuvimos nuestros primeros sueños, empapados de infinitas posibilidades. Cruzar miradas y saber que vale la pena, que podemos hacer lo impensable, lo extraordinario.


Yo creo, aún después de zambullirme en la tristeza… salgo a flote y lleno mis pulmones de aire: doy pelea. Creo que todo puede ser mejor, que en mucho depende de mí… creo que es justo compartir con el mundo un poco de lo que otros me han obsequiado. Creo, sencillamente, que hay motivos.


Y ahí voy de nuevo, con mis esperanzas, con las promesas por cumplir. Quizás mañana no haya tiempo, quizás yo ya no esté, pero hoy… aquí… yo decido hacer lo que siento, y darme la oportunidad.

miércoles, octubre 14

Moulin Rouge!

Éramos inconscientes, éramos extrovertidos, éramos más jóvenes… En aquellos años acababan de abrir un cine en una plaza comercial cercana a la prepa, ahorrábamos nuestros pesos, íbamos al supermercado y comprábamos un bote de helado que escondíamos en la mochila, y una bolsa de cacahuates o un paquete de chocolates. Estábamos listos para la función.


Hoy lo recordé perfectamente cuando mis ojos se toparon con la portada del disco: Moulin Rouge!… Ésa fue una de las primeras películas que nos aventamos en el Cinemark de Plaza Oriente. Y los ojitos me brillaron cuando entró a cuadro un Ewan MacGregor que, habrán de disculpar lo superfluo del cometario, era mucho más atractivo que en su papel de Mark Renton.


Un musical impresionante… como uno de esos sueños cursis hechos realidad. La atmósfera de fantasía con sus azules profundos y, por supuesto, con su rojo: rojas las bocas de las bailarinas, rojos sus vestidos, rojo el cabaret… Christian y Satine enamorados bajo la luna y las estrellas… La gente del cine impresionada… Nicole Kidman en un papel clásico, pero muy bien logrado.


Y no lo pude evitar, compré el disco. Llegué a casa, encendí el reproductor… fue casi en automático: Your song, la canción más significativa del soundtrack. Como aquella vez en el cine, los primeros acordes me estremecieron… como cuando tenía 16 años. La voz de Ewan McGregor acompañada por la London Orchestra me hizo recordar que hace casi ya 10 años yo soñaba con un escritor que me regalara versos.


Sir Elton John compuso la canción, pero el Moulin Rouge se la apropió… muchos de nuestra generación la escuchamos por primera vez: “And you can tell everybody this is your song…”. Entra Ewan, luego un piano… desde abajo los violines… irrumpe, bien plantada, la voz de Alessandro Safina. Es increíble cómo la música trae tantos recuerdos, quizás cuando más se necesitan.


David Bowie en primerísimo lugar. Fat Boy Slim hechos unos locos con Because we can… Al soundtrack sólo le reprocho la ausencia de los covers de Like a virgin y de The show must go on. Roxane hecha tango… ¡qué decir! Lady mermelade: toda película necesita un éxito comercial… Come what may, el himno romántico, el dueto… la reafirmación del amor que lo puede todo.


Volver a ver Moulin Rouge!… con los amigos y un bote de helado… como cuando estaba en la preparatoria. Volver a enamorarme de Ewan McGregor, y creer… creer que en algún lugar está mi escritor con sus versos, aunque yo no sea la protagonista, la joya del cabaret.

lunes, octubre 12

Isabel Puestes: in memoriam

Dijiste que tenías miedo de morir y quizás no sabías lo mucho que me asustaba escucharte decir eso… nunca tuve una respuesta, ni pude decirte que había un cielo, y es que yo no lo sabía de cierto, yo sólo te miraba con mi sonrisa de lado y el nudo en la garganta, tragándome el llanto.


Dijiste que te arrepentías de muchas cosas, de las historias tristes de tu vida, de la soledad, esa que en tus últimos días abanderaste como tu castigo: el castigo por no haberte casado “como Dios manda”, por haber cometido el tonto error de “meterte” con un hombre casado. Dios castiga… sí, Dios castiga.


Las noches en el hospital eran lúgubres y dolorosas, para ti y para mí; yo siempre tan egoísta. Odiaba verte sufrir, odiaba cambiarte el cómodo y entrar al cuarto séptico, odiaba que las enfermeras me regañaran por quedarme dormida… me odiaba a mí. Pero a ti en realidad te quería… mucho.


Los últimos días, aquellos en que aún podías hacer una “vida normal” (comer, caminar…) te llevé helado y pastel, y te compré las flores esas que tanto te gustaban: aves del paraíso. Y una de esas veces en que quise evadir mi realidad lo volví a ver a él, aunque te había prometido que no me metería en más problemas.


Yo sabía que te estabas yendo y que él no me amaba. El día que fui a comprar tu último regalo de cumpleaños él me reprochó que estuviera tan amargada y que me diera por pensar tanto en la muerte. Yo no dije mucho, quería llorar y no pude; no tenía su cariño, pero tampoco quería su lástima.


No volví a saber nada de él, hasta el día de mi cumpleaños; no le di mucha importancia. El médico había dicho que morirías pronto, según los cálculos, quedaban unos días. Él se había acordado de mí, pero yo no tenía cabeza para ese asunto; yo sólo pensaba en que no quería que murieras.


Grité con todas mis fuerzas, mientras tomaba tu mano… mi padre dijo que no sabía hacer otra cosa que llorar. Entré contigo a la sala de urgencias y salí de ahí tres horas después, abatida. Tenía que ir al trabajo y te dejé… llegué a casa molesta. En la mañana algo me dolía, era el pecho… y en el autobús se me salieron las lágrimas.


Fue mi hermana quien se enteró primero, pobre. Le dijeron que había sido a las cuatro de la mañana… y yo te había dejado. Me odié por lo que te hice… por lo que me hice… me odié por dejarte sola: ese fue el final de mi larga lista de errores contigo. Luego vi tu cuerpo ya sin vida y después la caja con tus cenizas.


Con él me encontré de nuevo, un par de meses después. Era la primera vez que me besaba y dijo que lo hacía para que me sintiera mejor… Pero esas cosas no funcionan, el amor, o lo que se le parezca, también se muere. Y yo me pregunto por qué te fuiste, en dónde estás.


Mírame aquí… escuchando la canción de la serie de televisión coreana que tanto te gustaba, sin tener a quién decirle que me duele tu ausencia… Mírame aquí… pensando en el final de las cosas, con la vista fija en ninguna parte… esperando que me digas si cuando todo terminó, ante la muerte… el miedo se fue…


** Una canción de Alejandro Sanz con la cual me siento identificada en varios fragmentos... y entonces me la apropié.


Se le apagó la luz

Alejandro Sanz


Yo no siento nada,

pero presiento que a chorros se escapa

la magia de mi alma gastada.


Ella en la calle tirada,

algunas sirenas lejanas

que suenan en la noche olvidada

de los caballos de acero,

tu gasolina, mi sangre y su cuerpo,

se mezclaron en el suelo.


El gris de la carretera, dibujando su melena...


Y la luz se le apagó,

y su voz se le apagó...


Se le apagó la luz tembló

y no llega la camilla

luché buscando una salida

para ir a escuchar su corazón

con las manos confundidas

no me mantengo en pie

no llego hasta la niña de mi vida.


¿Por qué no habla no entiendo?,

hace un momento me iba diciendo:

"No corras tanto que tengo miedo".

La ambulancia volaba,

entre la vida y la muerte pensaba

que echaba tanto de menos su casa


Amarga risa en la cama,

imagina que es una Diana

con todas esas agujas clavadas.

Bromea sobre su suerte,

la hace sentirse más fuerte

entre la vida y la muerte

se piensa tan diferente...


Y la luz se le apagó,

y su voz se le apagó...


Se le apagó la luz tembló

le cerraron las cortinas

y escuchó pasar la vida

y el suave latir de un corazón

la indirecta comprendida

una torpe despedida de

la niña de su vida.

domingo, octubre 11

Y ya fueron 26

Tengo 26 años… yo misma pedí en la pastelería la dedicatoria: “Felicidades China”. Tengo 26 años y una estrella en el firmamento virtual que me regaló Karelin. A los 26 estoy más cerca de los 30, aunque a veces me comporte como adolescente, con mis crisis existenciales.


Me gustan las historias de terror, las que me dan más terror que la realidad… Me gustan las historias de hombres lobo y de vampiros, aunque a la hora de un romance me decidiría por un licántropo. El café es mi color preferido, no me importa si los psicólogos dicen que revela mediocridad.


Hoy ya tengo 26. Dicen que la luna de octubre es hermosa, pero desde esta ventana no se alcanza a mirar. Mi madre me regaló unos zapatos; como cuando era niña, me llevó a la zapatería, eligió unos muy lindos, de piso… dicen los que saben de moda: unos flats, y yo fui feliz con el simple detalle.


Mi hermana proporcionó el gesto lírico: “Penélope, con su bolso de piel marrón…”; así es, ahora tengo una bolsa nueva, ja. Baruch… mi brother… él envió un correo electrónico desde Roma, reafirmando su noble deseo de que un día deje de preocuparme “por pendejadas o pendejetes”.


Los cumpleaños después de los 25 son cosa seria, lo hacen a uno reflexionar. Me viene a la mente una frase de la película italiana Manuale D’Amore: “El corazón es lo último que muere, sigue latiendo aun fuera del cuerpo, aun cuando a quien amas te abandona, aun cuando ya no quieres sufrir…". A mis 26 años mi corazón se aferra a latir fuerte.


Me gusta la verdad, pero odio la crudeza que lastima… A mis 26 años he comprendido la importancia de la empatía, de los secretos, de la complicidad. Y aunque haya quien lo dé por hecho, una mentira dicha mil veces jamás se convertirá en una verdad. Tengo 26 años y aún confío en que el mundo puede cambiar.



Si me miras desde el cielo,

si es que aún puedo creer,

mantén muy firme mi anhelo,

que nadie lo pueda romper.


Con la marca de tu duelo,

de lo que ya no pude hacer,

de mi alma rota en el suelo,

de lo que ya no pudo ser.


Si tú tienes el consuelo,

si me escuchas y me ves,

tú bien sabes que te quiero

y que aún sufro por lo que fue.


Haz que pueda comprenderlo,

que todo tiene su final,

haz que pueda desprenderlo,

sin fracturar este cristal.


Que la vida tiene un velo,

ahora que tú ya no estás,

que es muy frágil el capelo,

y las heridas duelen más.


Y si esto es un camelo

que me pudiera destrozar,

cubre mi pecho de hielo,

para poder continuar.

Penélope, La China

domingo, octubre 4

Título inexacto

Bailar cura… ocuparse… reír… Pero lo que en realidad me ha hecho sentir alivio es un poco de perdón… para mí… ante mis errores. No soy perfecta: soy pasional, dramática, reprimida, intolerante, exigente, paranoica… soy débil a veces, y obstinada, me cuesta trabajo tomar las cosas con calma y olvidar.


Pero quiero pensar que todo está bien, que cometo faltas humanamente aceptables, que vivir con tanta “intensidad” es un síndrome socialmente tolerado… que no es peor que embriagarse o fumar compulsivamente. Quiero pensar que puedo perdonarme, que puedo desprenderme de lo que me hace mal, que puedo responsabilizarme de mis errores con un poco de madurez.


Hace unos días se lo pregunté a mi amiga Diana: “¿Crees que he cambiado mucho?”: la respuesta fue afirmativa. Han sido meses complicados, me atrevo a decir que un par de años complicados… y de repente he cambiado, y no logro comprenderme del todo. No sé si antes era más divertida, no sé si antes era más afable, no sé si antes era menos “densa”… no sé si aquella noche que vi morir a mi abuela también se murió una parte de mí… no lo sé.


Aprendí a no esperar “compasión”, aprendí a no esperar demasiado… pero también aprendí a agradecer una palabra precisa, un acto de presencia en el momento adecuado, un “te quiero” sincero. El día de mi cumpleaños hubo reunión, correos, mensajes… tres días después, mi familia estaba en un crematorio, esperando una caja.


Fue obvio que mucha gente se alejara: a nadie le gusta hablar de la muerte, es un tema crudo. Sin embargo, vino la contraparte: aún recuerdo los abrazos de mis compañeros de trabajo, recuerdo a Fher al teléfono, diciéndome lo difícil que le era actuar en momentos así, pero que estaba ahí… para mí.


Recuerdo el café de chinos con Diana, cuando mi voz se quebró al decirle que todo había terminado, cuando me escuchó por enésima vez… ella fue testigo del largo y doloroso proceso. Recuerdo las palabras de Rubén, su apoyo. Recuerdo a Marisela pidiéndome que fuera menos dura conmigo.


A veces me pregunto si me recuperaré del todo; mi padre dice que de eso uno nunca sana por completo. Con frecuencia pienso en mi abuela, en el final de la vida, en el cáncer, pero también con frecuencia reitero la promesa de vivir lo mejor posible, de estar para mí y para el mundo, de hacer las cosas de tal modo que ella siempre esté orgullosa de mí.


“¿Crees que he cambiado mucho?”… Antes era yo más dulce, más ingenua… hoy ya no sé con exactitud quién soy. He estado en diferentes lugares, con distintas personas, he fracasado, he construido mis logros… Pero hoy, en estos momentos, sólo quiero perdonarme: por lo que ya pasó, por lo que estuvo mal, por los errores que ya están “hechos”. Uno nunca comienza de cero, pero hoy yo quiero reiniciar desde este lugar.

***

Las despedidas casi siempre son abruptas, pero cuando uno ha hecho lo que puede, lo que debe, cuando uno se ha entregado… entonces puede despedirse con tranquilidad. Y todo continúa, porque así debe ser.


Adiós

De Saloon


Sabes bien, que fui yo

quien tomó tu mano.

Sabes bien, que mi amor

es más real que yo.

Y la luz de tu voz

nunca se apagará,

y el final de este amor no tiene que llegar.


Y siempre es así,

la vida nunca para de cambiar.

No llores, que también me harás llorar,

no es nuestro amor tan sólo es un final.


Adiós, amor,

te quiero no lo vayas a olvidar.

Adiós, amor,

sabíamos que iba a terminar.

Adiós amor,

No llores, que también me harás llorar.


Adiós, amor, no es nuestro amor tan sólo es un final.

Adiós...

sábado, septiembre 12

Ahí va... jalando

Me levanto: domingo por la mañana. Me da por ordenar el cuarto. A las 9:00 comienzo a prepararme para ir al hospital. Me pongo las botas Dr Martens y me enchufo al iPod… suena Exlover de los Friendly Fires. Compro un paquete de donas, de esas que vienen espolvoreadas con azúcar glass. Directo hasta Mixiuhca y de ahí a Centro Médico… transbordo en el metro, una estación más y llego al Hospital General.


Siguen sonando los Friendly Fires. Saludo a la banda: Karla y Alejandro. Primero a la barbacoa, a desayunar… Luego llego al pabellón de hematología; me enfundo en la bata y me coloco el cubrebocas. No soy médico de la risa… a veces sólo busco una razón. Pienso un poco en mi abuela y me viene el ánimo.


Hoy es domingo… nada de corazones rotos. Masco todo el chicle que se me antoja… no me importan los braquets: la vida es corta. ¿Acaso soy un accidente? Más bien soy un poco cobarde, pero se me quita; el destino de vez en cuando me da un empujón… y a nadar… ¡y sin llantita salvavidas!


Ante Karla me declaro adicta al trabajo y al chocolate, es la única manera de soportar largas jornadas sin “meterme” alguna cochinada. Ella dice que le impresiona la conciencia que tengo de mis actos, de mis vicios, de las situaciones incorrectas de mi existencia; Karla a veces me conoce demasiado.


Alguien pregunta mi nombre: hoy soy Penélope. Es mucha mi torpeza haciendo manualidades, pero soy mejor en eso que besando. Sonrío… me gusta estar con los pacientes, me gusta estar con Alejandro, es una buena persona; en el hospital todos lo aman, todos menos Nachito, el señor de la limpieza, ja.


El suelo y las camas están cubiertos de diamantina rosa… Alex dice que Nachito se molestará porque ya vinimos con nuestras ridiculeces. Y yo que me creía un hada urbana, haciendo que todo brille a mi paso… ¡qué ñoña! Algo ocurre y recuerdo la frase de Fito Páez: “la brisa de la muerte enamorada, que ronda como un ángel asesino…” Demasiados pensamientos a veces.


Luego vamos a la plaza comercial. Alex me acompaña a la tienda de discos: All you need is Mosh y The very best of Bob Marley. Nos damos un beso de despedida, y un abrazo. Entro a Sanbon’s y me compro un collar para llenar mis falsas necesidades… pido un espejo: se me ve bonito. Llevo a casa una caja con donas surtidas de una franquicia gabacha… sí, más donas.


¿Qué más da? La vida a veces me abofetea con su guate blanco. De amor nadie se muere, ni la niña de Guatemala… no me consta que haya muerto de amor. Duele… ¡qué chingados!... Resiste China… saca la casta. Acuérdate de todo lo prometido, de las deudas contigo, de cuando querías comerte el mundo. Levántate… acuérdate del Karate Kid… de Rocky Baolboa… de León, el peleador de la calle… ¡Yo que sé!


Encuentro en mi cuarto una caja con bombones cubiertos de chocolate. Llegué de la calle empapada porque llovió. Me siento a ver tele y me doy un pasón con azúcar y cacao. Pienso, aunque a veces siento que tan sólo medio existo. El domingo fue un buen día... y quizás la semana comienza un día antes del lunes.


***

Tal vez no inventaron el agua caliente, ni el hilo negro… pero me encanta ver en este video la demencia y pasión que los Friendly Fires le imprimen a la rola.




jueves, septiembre 3

Despedidas largas

Las cosas con el tiempo se olvidan… cuando son frágiles se rompen… cuando están vacías se vuelven tediosas… Y no, no volveremos a querernos más… No cambiaré… ni seré bonita… ni me haré un tatuaje… ni me aprenderé el Kamasutra… No volveré a conocerte, como esa primera vez… ni tendré menos edad… No volveremos a ser los mismos…


No hay culpas, porque con el tiempo las culpas se acaban... y queda una profunda nostalgia. Y cada quien vive su vida… y algunas veces es como si jamás hubieras existido… hasta que algo pasa y se desliza un recuerdo, y me da por creer que “hubiera podido ser distinto”.


Las historias con el tiempo se acaban, y ya no hay nada que decir… y yo intento contener una lágrima cuando caigo en cuenta de que terminó… para siempre. Y algo lo dice… cuando todo se remite a hace meses, a hace años… cuando el presente está en blanco, y escucho una canción y siento una leve punzada en el pecho.


Estuve sola, y tuve miedo… ya no estabas ahí. Y cuando quise intentarlo, todo fue violento, como si nunca hubieras sabido quién soy… No pude volver a verte a los ojos, y tú no pudiste levantar el teléfono. Y me dejaste con el alma estrujada, con una duda atravesada en la mente.


Ya no importa si te echo de menos, no importa… Ya no importa si el último día que te vi estaba temblando y te abracé con fuerza. Pudiste ver en todas algo, menos en mí… y aquella tarde mi corazón pequeño, proporcional a mi tamaño, quiso salírseme del pecho… así soy yo. Qué más da si no fue suficiente.


Dejar ir a alguien es de las cosas más difíciles. Y aún sigo escribiendo, pero es que me hace bien… Me acuerdo de cuando me enamoré de ti, y me acuerdo de cuando te escuché resuelto hablándome de cómo besar… de mi cuerpo… de todas esas cosas que jamás importaron cuando éramos “amigos”.


Hace un par de meses hubiera deseado decirte cuánto me habías desilusionado, pero no hubo tiempo, hoy ya no importa tampoco. Nunca me invitaste un café, jamás tuve una flor… Hoy me paseo por la vida, de vez en cuando alguien paga mi cappuccino y el día que necesito llevar un girasol en la mano… lo compro.


***


Escuché mi disco de Andrés Calamaro, y pensé que no escribo tan bien, ja… pensé que aún me falta mucho por vivir. Ando pensativa… las Obras incompletas de Andrés me movieron sentimientos. Esta China a veces es víctima, y otras criminal…


Crímenes perfectos

Andrés Calamaro


¿Sentiste alguna vez lo que es

tener el corazón roto?

¿Sentiste a los asuntos pendientes volver

hasta volverte muy loco?


Si resulta que sí,

sí podrás entender

lo que me pasa a mí esta noche.

Ella no va a volver

y la pena me empieza a crecer adentro.

La moneda cayó por el lado de la soledad

y el dolor.


Todo lo que termina, termina mal,

poco a poco,

y si no termina se contamina mal

y eso se cubre de polvo.


Me parece que soy de la quinta que vio

el mundial setenta y ocho.

Me tocó crecer viendo a mi alrededor

paranoia y dolor.


La moneda cayó del lado de la soledad,

otra vez.


No me lastimes con tus crímenes perfectos

mientras la gente indiferente se da cuenta.

De vez en cuando solamente sale a fuera…

la peor manera.