domingo, octubre 4

Título inexacto

Bailar cura… ocuparse… reír… Pero lo que en realidad me ha hecho sentir alivio es un poco de perdón… para mí… ante mis errores. No soy perfecta: soy pasional, dramática, reprimida, intolerante, exigente, paranoica… soy débil a veces, y obstinada, me cuesta trabajo tomar las cosas con calma y olvidar.


Pero quiero pensar que todo está bien, que cometo faltas humanamente aceptables, que vivir con tanta “intensidad” es un síndrome socialmente tolerado… que no es peor que embriagarse o fumar compulsivamente. Quiero pensar que puedo perdonarme, que puedo desprenderme de lo que me hace mal, que puedo responsabilizarme de mis errores con un poco de madurez.


Hace unos días se lo pregunté a mi amiga Diana: “¿Crees que he cambiado mucho?”: la respuesta fue afirmativa. Han sido meses complicados, me atrevo a decir que un par de años complicados… y de repente he cambiado, y no logro comprenderme del todo. No sé si antes era más divertida, no sé si antes era más afable, no sé si antes era menos “densa”… no sé si aquella noche que vi morir a mi abuela también se murió una parte de mí… no lo sé.


Aprendí a no esperar “compasión”, aprendí a no esperar demasiado… pero también aprendí a agradecer una palabra precisa, un acto de presencia en el momento adecuado, un “te quiero” sincero. El día de mi cumpleaños hubo reunión, correos, mensajes… tres días después, mi familia estaba en un crematorio, esperando una caja.


Fue obvio que mucha gente se alejara: a nadie le gusta hablar de la muerte, es un tema crudo. Sin embargo, vino la contraparte: aún recuerdo los abrazos de mis compañeros de trabajo, recuerdo a Fher al teléfono, diciéndome lo difícil que le era actuar en momentos así, pero que estaba ahí… para mí.


Recuerdo el café de chinos con Diana, cuando mi voz se quebró al decirle que todo había terminado, cuando me escuchó por enésima vez… ella fue testigo del largo y doloroso proceso. Recuerdo las palabras de Rubén, su apoyo. Recuerdo a Marisela pidiéndome que fuera menos dura conmigo.


A veces me pregunto si me recuperaré del todo; mi padre dice que de eso uno nunca sana por completo. Con frecuencia pienso en mi abuela, en el final de la vida, en el cáncer, pero también con frecuencia reitero la promesa de vivir lo mejor posible, de estar para mí y para el mundo, de hacer las cosas de tal modo que ella siempre esté orgullosa de mí.


“¿Crees que he cambiado mucho?”… Antes era yo más dulce, más ingenua… hoy ya no sé con exactitud quién soy. He estado en diferentes lugares, con distintas personas, he fracasado, he construido mis logros… Pero hoy, en estos momentos, sólo quiero perdonarme: por lo que ya pasó, por lo que estuvo mal, por los errores que ya están “hechos”. Uno nunca comienza de cero, pero hoy yo quiero reiniciar desde este lugar.

***

Las despedidas casi siempre son abruptas, pero cuando uno ha hecho lo que puede, lo que debe, cuando uno se ha entregado… entonces puede despedirse con tranquilidad. Y todo continúa, porque así debe ser.


Adiós

De Saloon


Sabes bien, que fui yo

quien tomó tu mano.

Sabes bien, que mi amor

es más real que yo.

Y la luz de tu voz

nunca se apagará,

y el final de este amor no tiene que llegar.


Y siempre es así,

la vida nunca para de cambiar.

No llores, que también me harás llorar,

no es nuestro amor tan sólo es un final.


Adiós, amor,

te quiero no lo vayas a olvidar.

Adiós, amor,

sabíamos que iba a terminar.

Adiós amor,

No llores, que también me harás llorar.


Adiós, amor, no es nuestro amor tan sólo es un final.

Adiós...

5 comentarios:

Darina Silverstone dijo...

Penélope:

A veces sólo con el tiempo podemos llegar a entender como nos han cambiado los eventos que ocurren en nuestra vida.

Que si la ingenuidad se nos cambia por una mirada más seria y reflexiva de lo que hemos vivido, que si la voz se nos hace más grave ante las cosas que a veces ameritan silencio, que si nuestra capacidad de perdonar se amplía y la de asombrarnos se reduce.

Este mes es muy importante para mí, por diversas razones, pero también porque me acuerdo de ti, siempre, en octubre.

D.

Diana Gutiérrez dijo...

Mira, y yo que nomás te digo que sí quiero ser como tú cuando sea grandota. Te quiero, por enésima vez, mi amiga. Ánimo, como diría la doña esa de Cristina Saralegui, jeje: "para atrás, ni para agarrar impulso".
Nos debemos una comida, ¡eh!

Anónimo dijo...

China!!! te quiero no lo olvides!!

Un abrazo grande y siempre, donde quiera que estés!


PD. Acuérdate de mí y corre mas rápido :)

Fhr

Erion dijo...

Tú lo has dicho "ocuparse". No de lo antes pasado ni de lo porvenir (preocuparse).

Todos mentimos. Todos fallamos. Todos cambiamos. Somos imperfectos.

Perdonar... ¿Por qué? o mejor ¿para qué? Inclusive si tus acciones erradas causaron daño a un tercero, no deberías ser tu quien diese el perdón.

"... que puedo responsabilizarme de mis errores con un poco de 'madurez'." Eso es lo que se obtiene de los fracasos, perdidas, hasta del llorar.

Tienes la respuesta, no llevarás un rumbo fijo, pero si una actitud y,espero yo, una frente en alto tambien.

No te pido te tragues el nudo en la garganta y ahoghes tus lagrimas, así como tampoco dejar atras la memoria de alguien (para empezar ¿quien soy yo?). Solo has que tu orgullo sea propio en su mayor parte.

Cuidate ok?

Tschüss.

PD. Deja la auto-censura o terminarás como yo >.<

e. dijo...

chinita, la de los ojitos soprendidos por las dificultades...siempre avante y pa´delante comadre!


un abrazo bien bien bien fuerte, los aniversarios no pasan en vano. eh!