domingo, marzo 10

La chica de las citas fallidas


He tenido varias citas en mi vida… todas muy peculiares. Ya le tengo muy poco temor a salir en citas a ciegas, aunque no es nada de lo cual me enorgullezca.

Él parecía diferente de los demás: más íntegro y con mayor convicción. Lo elegí por ser diseñador y por poner tildes cuando escribía, como lo hacen las personas “decentes”. La primera vez que escuché su voz me gustó, me gustó cómo se reía… y ha sido el único extraño a quien le he permitido usar el diminutivo de mi sobrenombre: Chinita.

Con el tiempo resultó que soy muchas de las cosas que más detesta: capitalista, cínica y sufrida… ambiciosa en el peor de los sentidos… una consentida que trabaja en la zona coqueta de Polanco… carente de todo conocimiento del budismo y la doctrina zen… poco reflexiva… superflua. Y todo ello lo averiguó en menos de 20 días y con una cita de cinco horas.

El día que nos vimos odié su horroroso suéter a rayas, pero no se lo dije porque no quise herir sus sentimientos… de haber sabido el desenlace, no hubiera titubeado en externarlo, en decirle que ese suéter era uno de los más feos que he visto en mi vida. Yo tan considerada como siempre.

Ese viernes no tenía planeado salir… sólo quería ir a mi casa a dormir… Luego resultó que ya estaba en camino, y después lo tuve de frente con su suéter a rayas… Me molestó que no se ocupara de caminar por fuera de la acera, como lo hacen los caballeros, pero evadí el detalle, total que los hombres modernos ya no saben nada de eso.

¿Quería una cita, no? Ahí estaba, expuesta a la mirada analítica de un desconocido que quería que le contara mi vida. Cerraron Starbucks y nos quedamos en el frío de la calle; yo no quería llegar a mi casa todavía, así que decidimos ir a otro lugar. Tomamos un taxi mientras yo le contaba las aventuras por las cuales pasé antes de llegar a mi actual empleo.

Luego entramos a un pequeño bar en Coyoacán; pedí un clericot y él una cerveza. Lo escuché mientras me hablaba de sus intereses y de algunas personas con quienes había salido. Yo me aferraba a pensar que él era una persona esforzada, de esas que quieren hacerse de su propio destino con base en sus particulares valores.

El tiempo se fue relativamente rápido… jamás me dijo estar incómodo… jamás expresó un desacuerdo… Él sólo me miraba de vez en vez… miraba sus botas de trabajo y luego le echaba un vistazo a mis zapatos de ante verde. Yo sonreía tratando de buscarle la mirada, tratando de adivinar algunas cosas.

Eran las dos de la mañana, y yo tenía frío; me ofreció su feísimo suéter a rayas… yo le dije que no era necesario, que estaba bien. Me preguntó si me llevaba a mi casa en taxi, pero se me hizo un abuso que diera tanta vuelta, tomando en cuenta que él estaba ya muy cerca de la suya… me dijo que podía darme dinero, y la verdad me ofendí un poco: no soy dama de compañía.

Mi taxi llegó y él se quedó en la calle esperando el suyo. No pude evitar la tentación de mandarle un mensaje para agradecer las atenciones; él contestó algo como: “Yo también me la pasé chingón…”.

Las cosas poco a poco se diluyeron hasta que desapareció… no hubo respuesta a mis mensajes, y comprendí que ya no quería hablar conmigo.

Hubiera sido un final predecible de no ser por todo lo que alguna vez conversamos. Yo quería pensar que un fiel admirador del camino del samurái tendría el carácter suficiente para ser claro con una mujer que le había dedicado algunas horas de su vida. Por otro lado, supongo que el budismo no tuvo nada que ver con su decisión de salir corriendo, esconderse y no darle más vueltas al asunto.

Yo seguía con la idea de obtener una respuesta, la necesitaba… y llegó de manera inesperada: encontré un blog suyo donde había un escrito sobre una chica de Internet con quien había salido. Y mientras iba leyendo se me hizo un nudo en la garganta: esa chica era yo. Sus palabras me describían a conveniencia con una lista de tres aspectos fundamentales: él sentía que lo había acosado, yo no tenía el suficiente intelecto para comprender sus complejos pensamientos y, finalmente, era yo, desde su punto de vista, sufrida.

Pues nada, la persona que yo había construido con trocitos de conversaciones nunca existió. Sólo quedó un extraño engreído que trataba de autoafirmarse criticando a alguien a quien no conocía del todo. Como en otras ocasiones, tuve una cita genial con alguien que era sólo un personaje… hubiera querido que existiera en verdad, pero la vida no siempre es como uno desea.

Muy pocas personas se muestran tal como son: con sus intereses, con sus desacuerdos, con sus miedos, con sus sueños… Y yo hubiera ignorado su horrible suéter a rayas, tomando en cuenta que eso era lo de menos si se trataba de alguien noble y honesto, cosa que estuvo alejada de la realidad.

Sin embargo, no me doy por vencida. Yo quiero pensar que hay personas diferentes, y que en algún lugar alguien parecido a mí me está buscando. Por lo demás, esto es aprendizaje: ensayo y error. ¿Qué hay de malo en intentarlo? ¿Qué hay de malo en querer creer y confiar? Al final uno crece como persona y se vuelve más fuerte.


Swan - Elisa

Walking by yourself in the cold, cold winter, 
wrapped up in your coat like 
it's a magic blanket.
You say no matter where I go, 
they all look like strangers, 
you see the world only seems 
a fairytale that it isn't.

Dream on, dream on, 
there's nothing wrong 
if you dream on, dream on 
on being a swan. 
But I know you're thinking...

And now you're looking at the sky, 
talking to your angel, 
could he turn this dirty street 
into a flying carpet? 
But then you say I am not scared of anything 
such a shy lie silent as a stone that is fallin' down. 

Dream on, dream on, 
there's nothing wrong 
if you dream on, dream on 
on being a swan. 
But I know you're thinking. 
"Am I gonna make it through?".

Dream on, dream on, 
there's nothing wrong. 
if you dream on, dream on 
on being a swan. 
But I know you're thinking 
"Am I gonna make it through?".

Go, girl, go... 
Go, girl... Go, girl... 

You're on the run, 
you don't look back. 
What did you see? 
What did you belt? 
You're on the run, 
trying to forget. 
What in the head? 
Is it so bad?

1 comentario:

María Isabel Alonso Montoya dijo...

¡Yupi! creí que nunca volverías a escribir en el blog, me gusta mucho más leer tus chinaventuras aquí que en el irreverente facebook. Por otro lado ¿capitalista, cínica y sufrida… ambiciosa en el peor de los sentidos… una consentida que trabaja en la zona coqueta de Polanco… carente de todo conocimiento del budismo y la doctrina zen… poco reflexiva… superflua?", ¿en qué momento te convertiste en todo eso?