Y las personas buscan en sus bolsillos, cuentan los pesos y los “tostones”. Una mujer le entrega unas monedas: “De 2.50 en adelante”, responde el vendedor, quien ni siquiera la mira a la cara, pues sólo sabe clavar sus ojos en la "lana"; y ella, entre molesta y desilusionada, vuelve a guardar su dinero en el monedero.
El negocio parece bueno, más de dos personas se interesan en esos cuartos de hoja engrapados. Entonces ocurre… por un momento todo se detiene cuando, de repente, se escucha aquella voz: “Oiga, joven, ahora yo le voy a pedir que coopere usted conmigo, no traigo nada de dinero… ¿podría regalarme el folleto?"
Los pasajeros nos miramos unos a otros, al tiempo que la mujer cuyas monedas fueron despreciadas observa con algo de rencor a su compañera de viaje. Remate del chantaje sentimental: “Regálemelo, joven, es que yo no sé leer ni escribir, pero le voy a pedir a una de mis hijas que me lo lea”.
Y el “joven” se hace el desentendido, aunque no logra disimular su coraje, mientras que la pedinche pasajera no muestra ni la más mínima intención de devolver lo que ya se agenció. Pesos van, pesos vienen… el vendedor en lo suyo y la “señora” necia: “¿Si me lo regala?”. A estas alturas hasta los pasajeros comenzamos a hartarnos.
Es entonces que un “buen hombre” paga el adeudo de de la “pobre, sufrida y analfabeta” mujer que se apirañó el “maravilloso folleto”. Con todo respeto, se hace mensa: “¿Tú lo pagaste?”, le pregunta… ¡Y encima le habla de “tú”!, no hay vergüenza…
“¡Muchas gracias! Es que, de verdad, este tipo de libritos son bien buenos”. Y enseguida remata con una retahíla en la que ilustra a todos los pasajeros acerca de la dieta nutrimental de los japoneses, pues ellos “ni panza tienen”… Mientras tanto, yo, de ociosa, traigo a mi mente a los luchadores de zumo, y sonrío.
Hable, que hable, que hable. Nadie la para. Que si los nopales, que si el pápalo quelite… que si los mexicanos ya no nos conformamos con comer tortillas y frijoles… Me acerco a la puerta trasera del microbús y toco el timbre. Miro al “pasaje” con un tanto de malicia: “Ahí se quedan con la ‘señora’. Yo aquí me bajo”.
Mi abuela
La Ganga
- Mi bendición, abuela
- Que Dios me lo bendiga
***
Mi abuela…
Mi abuela…
***
Deja que te cuente, para que tú veas
Yo llegué de Nueva York, a principios de verano
Ay qué dolor, pobres vacaciones
- De verdad que tú eres vago, no sé por qué te quejas,
pero no cortarme el pelo, mejor me quedo muerto
Le expliqué que está de moda dejarse la melena
Y ella dijo “que sé chave, así pareces una nena”.
Y me dejó coquipelado con una tijera.
¡Qué vaina, qué chavienda!,
¿Qué dirán mis panas cuando me vean?
Otro día pa’l almuerzo, me dijo mi abuela
Que me iba a cocinar lo que yo quisiera.
Lo que como todos los días.
-“No, no, no señor, yo no cocino porquerías,
aquí se come vianda y arroz con habichuelas
Mi abuela, mi abuela, mi abuela…
-Aquí se come vianda, aquí se come vianda
Pasaron unos días, conocí a su vecina
Y tenía una hija que estaba bien buena.“Ahora es”, me dije yo,
Y le empecé a rapear sin que mi abuela lo supiera.
***
Y me metió una bofetada que todavía me está doliendo.
***
Todo el mundo “parisiando” y yo acostado desde las nueve.
Pasaron otros días que no me fastidió,
Porque la caja de los dientes se le perdió
De todo lo que me hablaba na’ se le entendía.
Entonces, pude descansar
Pero ya las vacaciones se me iban a acabar
Fingí que un dolor me quería matar
Y entonces, fácil, de ahí yo me escapaba.
Pero se me viró la tortilla
Porque ella me empezó a dar una medicina
Hasta que ella pensara que me había recuperado.
Mi abuela, mi abuela, mi abuela,
Arroz con habichuelas
Y asimismo un problema que a rato yo tenía: siete a la semana,
Si era uno todos los días
Y es que tengo que aceptar que soy el nieto de mi abuela.
Si total después de tanto protestar
Cuando llegué a Nueva York me puse a pensar
Y todo lo que hace es por ponerme la vergüenza.
Pero me recordaba yo
De todos los regaños que ella a mí me dio
Y me tenía que espetar un tesecito de limón.
Mi madre que no sabía cómo yo lo había pasado,
Se creía que todo yo me lo había gozado
***